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Uno dentro de la OFP empieza a ver la vida de una forma tan diferente a como la ve uno encerrado en sus cuatro paredes donde uno no se enfrenta sino a lo cotidiano del hogar y no crece uno como persona. En cambio llega uno a la OFP y uno se va descubriendo que como persona es importante y cómo juega un papel importante para las comunidades.

A mí en lo personal me parece más importante la labor que hago fuera de la casa que la que hago dentro de la casa. Porque la que hago por fuera me valora, me hace crecer, me instruye de alguna forma. Pero la labor interna no me da sino esclavitud, el encerramiento en los problemas (Dora).

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Los comedores han tenido una acogida muy importante. La gente también viene y se lleva el almuerzo para su casa. Dicen “yo compro 2 almuerzos y comemos 3, yo llevo 3 y comemos 5”. Eso nos llena. Es que con 3.600 pesos, que equivale al valor de 3 almuerzos, yo no tomo sopa en mi casa, no como todo lo que como acá porque no alcanza la plata. Cuando lo comparten en su casa comen más y les rinde más que ponerse a hacer los alimentos.

También los comedores están vistos como una posibilidad de brindarle un bienestar a la mujer, la mujer que se tiene que ir a trabajar por días y le tiene que dejar el diario a su hijo, asegura que desde el comedor popular con 1200 pesos su hijo se pueda alimentar bien (Dora).

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Yo fui una mujer desplazada del Sur de Bolívar. La OFP trabajó en Puerto Wilches con personas desplazadas, allí conocí la OFP. Me gustó el trabajo y empecé a trabajar como trabajadora doméstica. Al comienzo las mujeres se acogieron a la organización, pero cuando fue amenazada [la organización] por los paramilitares -hace más o menos año y medio- mucha gente de la organización se retiró por miedo, pero ya a la Organización este año muchas mujeres han vuelto (Nancy).

Este es un trabajo con las mujeres y es una organización con mucho sentido de pertenencia y nos colabora mucho en lo económico. Para mí lo más importante ha sido aprender a coordinar un grupo y también el comedor, porque es uno de los proyectos que ofrece más ayuda a la comunidad (Josefa).

Nosotras somos muy buenas compañeras, que nos entendemos, y que somos muy unidas y compartimos lo que nos pasa, nos tenemos mucha confianza (Esther).

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Nosotras llegamos a trabajar al comedor a las 6 de la mañana y nos vamos como a las 4 de la tarde.

El trabajo me gusta, a veces es pesado porque cuando no vienen compañeras que le ayuden a uno le toca corra pa´allí y corra pa´allá o si se acaba el almuerzo y toca volver a preparar, en ese sentido es pesado.

Yo he trabajado cocinando y la gente me pregunta que qué ingredientes le echo a la comida. Yo digo que lo mismo que le echa cualquiera, sino lo que pasa es que yo le pongo mucho amor, o sea, me gusta cocinar (Cristina).

 

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En Barrancabermeja están reinando ahora los paramilitares. A nosotras como organización ellos siempre nos ven como las guerrilleras. Dicen que quien venga a la Casa de la Mujer es porque es guerrillera y puede ser muerta en cualquier momento. Esto intimida mucho a la población. Hemos tenido que buscar muchas estrategias para entrar en las comunidades y convencer a la gente que ellos no tienen la razón, que el pueblo tiene derecho a organizarse y a pensar diferente porque el problema con los actores armados es porque nosotras pensamos diferente a ellos.

Nosotras hacemos denuncias públicas y llamamos las cosas por su nombre. Lo que decimos en un lugar lo sostenemos en todos y eso ha hecho que ellos nos persigan mucho. Esta casa fue arrasada en una ocasión hace 2 años. Vinieron, la tumbaron y se llevaron todo. La habíamos mandado desocupar porque la íbamos a mejorar y en un fin de semana la desaparecieron, la tumbaron y se llevaron todo, dejaron el terreno desocupado. Pero para nosotras no fue inconveniente para continuar, volvimos a reconstruir la sede y está siendo parte del oxígeno de las comunidades del sector (Dora).

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La Organización Femenina Popular, OFP, es una organización de mujeres populares que nació como propuesta de la Iglesia Católica en 1972. Se convierte en una organización autónoma en 1988. En 1995 extiende su trabajo en el Magdalena Medio con presencia en San Pablo, Cantagallo, Yondó y Puerto Wilches y a partir del 2001 amplía su cobertura a las ciudades de Bogotá, Neiva y Cartagena.

La autonomía, la civilidad y la resistencia son los principios básicos que orientan la OFP en sus diferentes áreas de trabajo. Los comedores populares son lugares en los que estos principios se hacen concretos.

Un almuerzo cuesta 1200 pesos (48 centavos de dólar).


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Yo les digo a las mujeres indígenas que a nuestros hijos los tenemos que sacar adelante. Que tenemos que ocupar nuestra medicina tradicional y que nuestro tiempo como mujeres tenemos que sacarlo y sabernos valorar nosotras mismas. Que no nos dejemos si otra persona te dice que no sirves para nada, eres fea o tal cosa, sepamos que es mentira. Eso es lo que yo les digo a mis compañeras.
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Se comienza y se ve que es importante, muy rentable para las comunidades desde lo social, desde lo nutritivo, porque los comedores deben rendir unos criterios previstos: como que la comunidad venga, compre un ficho, se acerque y reclame su almuerzo y coma y luego recoja el plato y lo lleve allá. Todo el mundo en todos los comedores hace ese ejercicio.

Si el comedor no nos permite hablar con las comunidades, no llenaría las expectativas. Los comedores deben jugar un papel dentro de las comunidades; no es que la gente venga a comer y ya.

Yo siempre he dicho que ningún proyecto de la OFP nace porque la OFP quiere. Nace de las inquietudes de las comunidades. La OFP hace 32 años hace vida, se ha dado cuenta de una cantidad de necesidades que hay. La OFP pensó que las comunidades teníamos derecho a comer, a consumir un alimento digno y a muy bajo costo (Dora).

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Cuando nuestros tewalas nos entregan esta varita es porque saben que ya la podemos cargar, sino tampoco nos la entregan. Nos acompaña en todo, donde vayamos la tenemos que llevar. Esta chonta es de un árbol que crece en la selva y crece grande, pero se cortan las más biches de las chontas. Si ya está muy gruesa, entonces uno raja el palo y de ahí saca las astillas y las deja así. Uno los cura con las plantas allá mismo en la selva. Cuando fui gobernadora yo dejé hechos unos, porque cada gobernador, cada alguacil debe tener su bastón de mando. Yo por ejemplo tengo mi bastón de salir lejos. Cuando yo salgo y sé que tengo que hacer un trabajo que no ha hecho el gobernador y me toca enfrentarlo a mí, yo sé que tengo que ponérmelo porque es el bastón de mando.

Esto siempre tiene que permanecer así, con el aguardientico y las plantas todos esos compañeros deben permanecer juntos.

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Nosotros conocemos cada planta; sabemos para qué nos va a servir. Pero nunca para hacerle un daño a alguien. Así sepamos que la podemos utilizar para lo que queramos, no podemos hacer eso. Porque somos indígenas. Como Nasas que somos nosotros lo que queremos es dar ayuda.

Hay plantas que no se pueden mezclar porque son distintas, uno tiene que saber distinguirlas, porque si por ejemplo yo te paso esta planta por la cabeza a ti se te puede olvidar todo, entonces toca saber muy bien distinguirlas.

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A mí como mujer indígena me han gustado mucho las organizaciones. A mí me gusta ir a las comunidades indígenas, a los cabildos. Yo voy y hago talleres de lo que aprendo en otros lados y les enseño a las compañeras lo que me enseñan a mí. Eso ha ayudado mucho a la mujer indígena. Nosotros no tenemos el desconocimiento de no enseñar a otra persona. Si alguien, una compañera me dice que le enseñe, yo le enseño. Porque después uno se muere, todos los conocimientos se pierden, mientras que uno se los puede aportar a otra persona. En Colonianueva hay un grupo de mujeres Ingas y a pesar de que ellas tienen sus plantas, ellas manejan mucho mis plantas. Ellas han visto el efecto de las plantas y las saben usar.
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Tenemos el ortigo de páramo, el maní de páramo, la yacuma negra, la yerbaalegre, la cortadera. Por ejemplo, nosotros decimos que la cortadera sirve para cortar todo tipo de enfermedades. Se usan, como miras, plantas muy pequeñitas, pero con ellas uno cura todas las enfermedades.
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Eso, tampoco cualquiera lo aprende. Dios a todo el mundo le dan un don para vivir. Y gracias a mi padre yo tengo el don de ayudar a la gente con las planticas. A uno le toca dedicarse a esto. Es un compromiso que ya tiene uno con la gente. La gente dice: míreme, yo qué tengo, a ver si me puede ayudar. La gente me dice: ¿Usted cuánto me cobra? Yo le digo: con lo que usted me pueda ayudar. Hoy en día nosotros cobramos cinco mil o diez mil pesitos y volvemos a comprar las planticas. Porque estas son traídas del Cauca, no son de aquí del Putumayo. Son plantas que usamos los Paeces.




Nosotros como Paeces lo primero que usamos es el aguardientico. Porque cuando estamos usando nuestras planticas, lo primero es darle un poquito de aguardiente a nuestro ayudante, que es nuestro tatawala. En Paez queremos decir Yus. Estamos nombrando a Dios en nuestra lengua materna; le estamos pidiendo a él para que nos de esa ayuda para trabajar con las planticas. Porque hay plantas que tenemos que tomar primero el aguardientito para poder usarlas. Porque hay plantas que son muy bravas. También tenemos la coquita, que cuando yo empiezo a trabajar con ellas me toca utilizar la coca. Nosotros la vamos masticando y en nuestro sentido nos hace llegar las señas a nuestro cuerpo. Entonces la coquita le va dando, le va indicando a uno: mire, esa planta no la coge porque no le sirve para esa enfermedad. Entonces, uno toca esta y le da señal al pie derecho, entonces sí sirve. Como dicen, le ayuda la canilla.
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Dos relatos sobre la forma en que las mujeres populares le dan un sentido nuevo a actividades que han estado inscritas en la lógica de la dominación durante mucho tiempo


   
Curar y cocinar: La resignificación de lo tradicional desde las mujeres populares.

La siguiente etnografía es el resultado de una investigación sobre organizaciones de mujeres en Colombia financiada por CLACSO y que se desarrolló en los municipios de Puerto Caicedo, Putumayo, Barrancabermeja y Santander. Se exponen los relatos de mujeres integrantes de dos organizaciones populares, una vinculada con la medicina tradicional a partir de yerbas medicinales y la otra relacionada un comedor popular.







Autor: Alexandra Fierro

Socióloga. Universidad Nacional de Colombia.

e-mail:
alejafierro@yahoo.com




Revista Chilena de Antropología Visual -
número 5 - Santiago, julio 2005 -
222/241 pp. - ISSN 0718-876x.
Rev. chil. antropol. vis.



 
 
 
 
 
 
 
 

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Curar y cocinar: La resignificación de lo tradicional desde las mujeres populares.

The following ethnography is the result of a research on women's organizations in Colombia financed by CLACSO and that developed in the municipalities of Puerto Caicedo, Putumayo, Barrancabermeja and Santander. There are exposed the statements of women’s that integrate two popular organizations, one linked with the traditional medicine from medicinal herbs and the other one relation with a popular dining room.







Autor: Alexandra Fierro

Socióloga. Universidad Nacional de Colombia.

e-mail:
alejafierro@yahoo.com




Revista Chilena de Antropología Visual -
número 5 - Santiago, julio 2005 -
222/241 pp. - ISSN 0718-876x.
Rev. chil. antropol. vis.