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Las manos del Gusano de Tebo1. Este trabajo se desprende de una experiencia de terreno llevada a cabo durante el transcurso del segundo semestre del año 2000, dentro del marco del terreno anual que realiza la Escuela de Antropología de la Universidad Bolivariana. En esta instancia de trabajo participaron alumnos de todos de todos los niveles de la carrera de antropología social: Cristián Beck, Gricel González, Guillermo Molina, Maureen Bronwell, Magdalena Cousiño, Jaime Valderrama, Antonio Fabreau, Mario Moya, Pamela Carrasco, Javier Gárate, María Paz Retamales. El informe de esta investigación es mucho más amplio y  trata con profundidad el tema del “Circuito Económico del Tebo”.
(Reflexiones sobre el registro etnográfico visual en terreno).



Este trabajo, es una reflexión teórica y metodológica a cerca de la función que cumple la fotografía dentro del contexto de una exploración etnográfica; cuyo objetivo, es indagar sobre la recolección y comercialización del gusano de tebo en la localidad campesina de San José del Manzano, situada en Valle Cental de Chile.

Palabras claves: Fotografía, registro etnográfico, interpretación, gusano de tebo.




Autor: Guillermo Molina
Antropólogo, Universidad Bolivariana.

e-mail: ecosistema@hotmail.com




Revista Chilena de Antropología Visual -
número 6 - Santiago, diciembre 2005 -
201/214 pp. - ISSN 0718-876x.
Rev. chil. antropol. vis.



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Bibliografía

Molina, Guillermo: “El Circuito Económico del Gusano de Tebo”. Informe personal de Terreno, Segundo semestre 2000 (manuscrito) y Notas de Campo.

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Reflexión final sobre el registro fotográfico.

En lo que atañe al tratamiento estético de este registro, llama la atención de que la mayor cantidad de fotos se dedicaron al gusano de tebo y el proceso de su recolección; y de estas fotos, la mayoría se concentraron en don Daniel, y sobretodo se hizo un énfasis en sus manos, luego sus pies con ojotas3. Sandalias, huaraches. y sus herramientas de trabajo. Las manos fueron tratadas como verdaderos íconos del trabajo campesino, la misma función cumplían las herramientas y los pies de don Daniel. Estos íconos connotaban claramente la idea de la “dignidad del trabajo”, evocaba también a esa idealización del campesinado propia de la imaginería de la tradición marxista4. Por ejemplo toda la imaginería propia de la revolución rusa (1917) que trataba de proletarizar al campesinado utilizaba manos y herramientas. También la imaginería maoísta hace algo similar, así como también lo hace el movimiento pictórico del muralismo mexicano de Rivera y Orozco. La mano campesina también fue una imagen recurrente en la gráfica de la las revoluciones latinoamericanas de los años setentas., en la cual las manos y las herramientas conforman los iconos predilectos para evocar y significar a la clase trabajadora. Sin embargo, a pesar de esta idealización en la producción y el tratamiento estético de estas imágenes, las cuales connotan también un sentimiento de empatía y afinidad con Don Daniel y su condición de vida. A pesar de este sesgo subjetivo, el registro fotográfico del trabajo de campo resultó ser una herramienta tremendamente útil y, sobre todo aquello, lo aprecié más al momento de volver a observar estas fotos para hacer esta reflexión después de cinco años de haberlas tomado, lo cual permite el ejercicio de hacer nuevas lecturas e interpretaciones. Este es un valor innegable del registro fotográfico.
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La vivencia de campo se hace mas “vívida” al momento de leer las notas de campo y al mismo tiempo revisar el archivo fotográfico. El alcance de esta investigación a cerca del gusano de tebo, nos llevó a seguir la pista de su comercialización hasta los mercados europeos y asiáticos, Italia y Japón son los principales destinos. Nos enteramos de una red de compra de tebos en Melipilla destinados a su exportación, y conocimos en Santiago a un empresario que se dedicaba a este negocio. Pero la actividad que más nos llamó la atención fue sin duda la recolección o cosecha del tebo. Pues esta actividad es la base del sistema de reproducción económica del gusano como mercancía, y está íntimamente ligada al conocimiento ecológico del recurso (su ciclo reproductivo), por lo tanto ésta es una industria extractiva de un recurso silvestre, que por supuesto debe tener impactos en el sistema, los cuales merecen una investigación más exhaustiva desde el punto de vista biológico, para establecer si es una actividad “depredadora” o “sustentable”. A simple vista se ve un deterioro general de los sistemas forestales silvestres y se observa una intensa actividad económica y comercial en torno al tebo. Lo interesante, sin embargo desde el punto de vista antropológico, es como esta actividad extractiva, tradicional y artesanal, se lleva a cabo desde una informalidad legitimada por una especie de acuerdo tácito o (“derecho natural o consuetudinario”), pues los sitios de extracción son generalmente propiedad privada. Sin embargo esta actividad existe, y goza de una cierta vitalidad por la importancia económica que significa este recurso dentro de localidades campesinas como San José del Manzano.

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La faena de recolección se inició rastreando los troncos de trevo (el arbusto) infectado, Don Daniel sabia distinguir los “palos buenos” para cortar, por el color del aserrín que botan los troncos infectados por la “palomita”, y sobre todo por el olor podía saber si los gusanos están “duros” (viejos) o “blandos” (nuevos). Los gusanos no deben estar ni muy duros ni muy blandos, tienen un punto exacto, el más blando se sale del anzuelo y no sirve como carnada, no se conserva fuera del árbol y muere. El demasiado viejo o “duro” ya casi es un “capullo” y se convertirá en “palomita” y no conviene sacarlo. Don Daniel es además un experto en la difícil tarea de sacar los palos de entremedio de la enmarañada vegetación, haciendo el menor daño a las otras ramas, él corta con precisión la rama infectada con una sierra de mano, y luego de colectar una gran cantidad de “palos buenos”, calcula mentalmente sin abrirlos la cantidad de gusanos que contienen -“aquí en estos deben haber unos 1500 gusanos”- y Don Daniel toma un hacha filosa y coloca un tronco duro de litre debajo, para cortar los palos a lo largo enterrando apenas el filo del hacha y luego haciendo palanca para abrir el palo a lo largo y no cortar a los gusanos que están en su interior. Luego los cuenta de a dos en dos y dice -“faltaron unos poquitos para los mil quinientos”-.
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Lo notábamos algo incómodo después de la pregunta, además se veía preocupado de que no nos fueran a ver los trabajadores del fundo, le preguntamos por qué, y nos contestó sencillamente -“es que somos muchos”-. Le preguntamos si es que había algún problema, y nos dio a entender de que en realidad el lugar era propiedad privada, y que el consideraba que le daban permiso para sacar “tebo”, porque ya lo habían visto muchas veces sacando “tebo” solo, y que nunca le dicen nada los cuidadores, por lo tanto él supone que ellos le dan permiso (de hecho), a pesar de que nunca han conversado de eso. Don Daniel supone que lo dejan sacar “tebo”, porque él es respetuoso y no destruye más que lo necesario. Saca sólo los palos que están agusanados y no todos, y siempre deja para que se sigan reproduciendo. Entonces comprendimos por qué le preocupaba que fuéramos muchos (cinco) y pudiéramos despertar sospechas en los cuidadores del fundo.

Nos detuvimos después de unas tres horas de caminata en un claro del frondoso bosque nativo, a la sombra de un boldo grande, todavía estaba nublado y algo oscuro. Don Daniel encendió un nuevo cigarrillo y luego una pequeña fogata, Sacó varias “chocas” de tarros conserveros y las puso a hervir colgadas a un palo verde sobre las llamas. Jaime intentó hacer lo mismo y se le prendió el palo. Don Daniel se reía y decía que el palo tenía que estar bien verde para que no se queme. Desayunamos y compartimos de la conversación con Don Daniel, quien nos habló de muchas plantas medicinales y sus diferentes usos. Todos quedamos sorprendidos de su gran sabiduría, estaba claro que Don Daniel sabía mucho más que sólo de “tebos”.

Don Daniel sin duda, es un sabio campesino que durante su vida ha trabajado en innumerables faenas campesinas. Nos contó que lleva más de 18 años dedicándose a la recolección de “tebos”. Nos dice, que está contento porque él antes siempre había trabajado apatronado y ahora era su propio patrón. Además dice que le gusta trabajar tranquilo y solo entre los cerros. Don Daniel da la sensación de ser una persona feliz.

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Los teberos”: recolectores del gusano.

Nuestro informante clave fue don Daniel Rojas, a quien conocimos gracias al dato que nos dio el auxiliar de una micro rural cuando nos dirigíamos hacia Llavería y el Durazno. A Jaime Valderrama se le ocurrió preguntarle al auxiliar si sabía de algún lugar donde comprar “tebos” y nos dejó frente a una casa en el pequeño caserío de San Luis. Tocamos la puerta y salió una señora que llamó a Don Daniel. El llegó sonriente con un cigarro en la boca, fumaba y hablaba sin sacarse el cigarrillo de la boca. Le contamos de nuestra inquietud de conocer el oficio de la recolección del gusano, y Don Daniel nos enseñó un tarro con más de mil gusanos, para ahorrar palabras, los gusanos estaban conservados en abundante aserrín. Don Daniel es un señor de pocas palabras pero muy amable. Nos invitó a acompañarlo a recoger “tebos”, partiríamos el día siguiente en la madrugada. Así que quedamos en pasar por su casa a las 6 de la mañana.

Don Daniel nos llevó caminando a un paso ligero y constante, sin hacer ninguna pausa, y nos miraba sonriente como poniéndonos a prueba mientras atravesábamos campos de cultivo y extensos patronales. Cruzamos varios cercos para llegar a un pequeño cordón de cerros, siguiendo un sendero que se adentraba en una pequeña quebrada. Comenzamos a subir por ella. Le preguntamos a Don Daniel dónde estábamos, y nos contestó que todavía estábamos dentro de fundo “El Durazno”.

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El contexto del trabajo de campo en San José del Manzano.

Llegamos al Manzano un día lunes, en la carretera habíamos visto apenas un par de letreros que anunciaban venta de tebos. Estábamos preocupados por que se veía poco movimiento en torno a la venta de gusanos. Estábamos haciendo el terreno fuera de la temporada de pesca. Tampoco se veían campistas en los sitios de camping. El poblado estaba vacío de turistas y nosotros los estudiantes éramos el centro de las miradas del pueblo. Nos alojamos en un camping desierto. Al día siguiente tuvimos una información relevante - “dos kilómetros más abajo viven “Los Liebre””– nos dijo la dueña de un minimarket –“pregunte por los Vidal, todos los conocen como ”Los Liebre”, porque el señor tuvo hartos hijos y se dedican todos a cazar conejos y sacar tebos”. Por su parte Gricel había contactado al “Rey del Tebo”, Don Rigoberto Acuña. Estos primeros contactos fueron decisivos para iniciar el trabajo de campo. El dueño de un almacén nos había dicho antes que iba a ser difícil encontrar a un tebero auténtico porque “ellos son como ermitaños y se dedican a sacar los gusanos de los cerros, y luego se los venden a los comerciantes, y éstos dicen que son ellos los que van a sacar los gusanos, para no decirle a los clientes de que ellos en realidad los compran y los venden solamente”. La mayor parte de las ventas de gusanos de tebo se realiza directamente a los pescadores en el punte El Durazno todos los fines de semana.


Antecedentes sobre el gusano de tebo.

El gusano de tebo es una larva de una polilla (langsdorfia valdiviana) que parasita a una especie arbustiva nativa llamada tebo o trevo (trevoa trinervis), especie que se desarrolla muy bien en la cordillera de la costa y en terrenos del secano costero, formando matorrales mixtos junto a otras especies xerofíticas y esclerófilas como el espino (acacia caven), el colliguay (colliguaja odorifera), el boldo (peumus boldus), el litre (litera caustica), el maitén (maytenus boaria), etc.

Indiscutiblemente el gusano de tebo es la mejor carnada para pescar pejerreyes (odontesthes regia). Normalmente el tebo se compra en “picadas” cercanas a las rutas de acceso a los principales lugares de pesca del pejerrey, como son lagunas y embalses de agua dulce del valle central (Aculeo, Peñuelas, Rapel, etc.), también se pueden pescar pejerreyes en esteros y cauces que desembocan en el mar. Es frecuente ver en temporada de pesca (agosto-marzo) letreros que ofrecen “tebos” (gusanos) en las orillas de la carretera y rutas de acceso a los centros de pesca. Los “tebos” se venden en tarritos de lata o vasos plásticos con aserrín, con 20, 50 ó 100 gusanos vivos. Indudablemente esta es una actividad económica tradicional que cumple una importante función en el mercado de la pesca deportiva y la actividad turística asociada. Inclusive es frecuente encontrar “tebos” vivos en tiendas especializadas en artículos de pesca en la misma ciudad de Santiago.


El saber popular acerca de la efectividad del gusano de tebo como carnada, seguramente se remonta a tiempos ancestrales, seguramente las poblaciones aborígenes del valle central ya sabían de este “secreto de la naturaleza”, el cual fue después transmitido por la tradición del saber campesino. Pero los detalles de esta actividad no los sabíamos y tampoco conocíamos a cerca de la vida de los recolectores de este gusano.

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La fotografía como una opción metodológica de registro etnográfico.

El objetivo de esta exploración etnográfica era observar y registrar el proceso completo de recolección y venta del gusano. La idea era tratar de registrar los procedimientos más significativos de esta actividad, entendida como operaciones y manipulaciones técnicas; tratando de precisar el funcionamiento de éstas respecto a la complejidad del contexto cultural en las cuales se producen. Así, a partir de este seguimiento de la circulación del tebo como mercancía, tratamos de comprender algo más global de la cultura local de San José del Manzano. La idea era comenzar por el micro-fenómeno hasta hacer un barrido lo más macro-social posible. La metodología se definió entonces como un enfoque sistémico, el tebo era sólo un pretexto para abordar la complejidad del sistema mayor. El asunto era entonces encontrar a un informante clave, ojalá a un recolector de gusano y a partir de allí desenredar la madeja del circuito económico del gusano del tebo.

Un aspecto interesante de nuestro proyecto de terreno fue la consideración de hacer un registro fotográfico del proceso completo de exploración etnográfica. La idea era también hacer un diaporama como presentación final del trabajo de terreno. Pero el asunto era también utilizar la fotografía no sólo como una ilustración del trabajo de campo, sino como un material de registro que fuera lo más significativo posible para un posterior análisis de las imágenes. Al menos en ese entonces reconocíamos dos valores fundamentales de la fotografía como herramienta metodológica:

A) la fotografía como registro de imagen (dato visual), susceptible de ser analizado e interpretado posteriormente como un insumo de la observación que se refiere al proceso etnográfico, las cuales implican el contexto cultural de relación inter-subjetiva entre los investigadores detrás de la cámara y los sujetos retratados.

B) La fotografía como testimonio documental (documento), testigo de los hechos y sucesos retratados durante el trabajo de campo. Muchas veces se utiliza la fotografía como una prueba que otorga veracidad a un hecho, o sencillamente testimoniar que se estuvo allí (el clásico yo testifical del etnógrafo).

Independientemente de que siempre es discutible el asunto de la veracidad de las imágenes, -en el sentido de que la cámara como dispositivo técnico siempre ficciona o truquea la “realidad”-, ya sea por el hecho de que se recorta o fragmenta con un determinado encuadre, -(muestra algo mientras oculta algo)-; y también podemos aseverar que todo tratamiento visual o estético de composición, no es un acto inocente, por muy discreto que este sea, ya que este artificio condiciona la posterior interpretación de la fotografía. Sin embargo, nosotros consideramos relevante incluir la cámara fotográfica, no como una garantía de “objetividad”, sino como un insumo más del trabajo de campo para hacer más integral la recogida de datos o información. De este punto de vista las fotografías hablan tanto de los sujetos retratados como de nosotros detrás de cámara.





Guillermo Molina
Presentación.

Este trabajo es una reflexión sobre el valor del registro visual (fotográfico), a propósito de una revisión autocrítica sobre una exploración etnográfica realizada el año 2000, la cual trataba sobre la significación cultural de la recolección del gusano de tebo2. Comúnmente al gusano de tebo se le denomina simplemente tebo. en las inmediaciones de la localidad de San José del Manzano, ubicada a la orilla de la represa de Rapel, VI Región. La idea fue reflexionar en base a mis notas de campo, el informe de terreno y las fotografías que tomé como registro de aquella etnografía, que tenía por objeto tratar de registrar la recolección del gusano de tebo, tanto como una actividad económica de subsistencia, así también como un complejo de procedimientos cognitivos propios de la cultura campesina de la localidad. Los dos enfoques teórico-metodológicos que sirvieron de inspiración para abordar esta exploración etnográfica fueron las miradas de la ecología cultural y la etnometodología. El propósito final sería llegar a describir el proceso completo de extracción, distribución, comercialización y consumo del gusano del tebo; el cual es utilizado como carnada en la pesca deportiva de pejerreyes. Sin embargo, en este texto, nos dedicaremos más a reflexionar sobre la función que cumple la fotografía dentro del contexto general de una investigación de este tipo.


Al momento de definir esta etnografía a muchos integrantes del equipo de investigación, les daba la sensación de que la recolección del gusano de tebo era un tema demasiado “irrelevante” o “intrascendente”, en comparación con otros temas posibles de abordar, de hecho, a muchos les sonaba como una propuesta de investigación absurda o surrealista, algo así como realizar una “Etnografía a los cultivadores de achicoria” o “Mitología y relato oral referente al Cochayuyo”, en definitiva, podía ser una propuesta muy “evocativa” pero sin ninguna orientación “crítica”. Estas eran las quejas más duras de los compañeros más “críticos”. Sin embargo, en el transcurso del trabajo de terreno, este tema de estudio en apariencia “insignificante" terminó siendo un tema bastante interesante y motivador.


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“Las manos del Gusano de Tebo”1. Este trabajo se desprende de una experiencia de terreno llevada a cabo durante el transcurso del segundo semestre del año 2000, dentro del marco del terreno anual que realiza la Escuela de Antropología de la Universidad Bolivariana. En esta instancia de trabajo participaron alumnos de todos de todos los niveles de la carrera de antropología social: Cristián Beck, Gricel González, Guillermo Molina, Maureen Bronwell, Magdalena Cousiño, Jaime Valderrama, Antonio Fabreau, Mario Moya, Pamela Carrasco, Javier Gárate, María Paz Retamales. El informe de esta investigación es mucho más amplio y  trata con profundidad el tema del “Circuito Económico del Tebo”.
(Reflexiones sobre el registro etnográfico visual en terreno).



This work considers the methodological and theoretical implications regarding the role that photography plays in an ethnographic study. This study’s goal is to research into the collection and commercialization of the tebo worm, in a rural area called San José, located in Chile’s central valley.

Key Words: Photography, ethnographic recording, interpretation, tebo worm.




Autor: Guillermo Molina
Antropólogo, Universidad Bolivariana.

e-mail: ecosistema@hotmail.com




Revista Chilena de Antropología Visual -
número 6 - Santiago, diciembre 2005 -
201/214 pp. - ISSN 0718-876x.
Rev. chil. antropol. vis.